Me basta así
Ángel González
Ángel González
Aceptación
Saliste a la terraza
pensando que la brisa de la noche
podría devolverte al que eres siempre.
Mas la tibieza que en tu cuarto había
era un ámbito, allí, bajo la calma
de alejadas estrellas.
Olvidar pretendías unas horas
todavía recientes, la penumbra
que acercaba el latido de los dos,
y tus palabras qué serenas eran
como si a nadie las dijeses. Viste
la emoción de su rostro, su contorno
quemarse de belleza;
y esas mismas palabras te llenaban
de dolor y de sombra.
De nada te sirvió, cuando quedaste
solo, cegar la luz,
hacer brotar desde un rincón la música,
fortalecer tu fe con su joven pureza.
Sobre tu frente se rompían olas
gigantes: el calor
detenido del día,
el naufragio de un hombre que entregaba
la pasión de su vida en el espectro
doliente de la música (aún
como si la esperanza le alentase),
y te ardía el espíritu
porque sentías declinar tu vida.
Para ser el que fuiste
sales a la terraza, para ver
si un frío súbito derriba pronto
la plenitud del corazón. Tocas
el aire oscuro con los labios, oyes
los gritos fatigados de la calle,
la luminosa altura te estremece.
El tiempo va pasando, no retorna
nada de lo vivido;
el dolor, la alegría, se confunden
con la débil memoria,
después en el olvido son cegados.
y al dolor agradeces
que se desborde de tu frágil pecho
la firme aceptación de la existencia.
Francisco Brines
Heme aquí raíz...
Heme aquí raíz,
savia de impulsos ascendentes,
madre aún,
posible siempre,
anticipada gestación
de un porvenir intruso,
intrusa de un presente
que desestima
el valor de nacer
a sí mismo de nuevo.
Heme aquí clavando
mis ojos
de savia encarcelada
en los troncos vacíos de los árboles
muertos,
heme aquí creyendo,
queriendo creer
en la impostura de las ruinas,
en el candor del desastre,
el valor de lo opaco,
la calidez del humo en los rescoldos.
Heme aquí,
heme aquí,
he aquí que me atrevo
a creer en las ruinas.
¡Me atrevo a creer en las ruinas!
No quiero rosas mientras haya rosas.
Las quiero cuando no las pueda haber.
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
Grito ¡Todo!, y el eco dice ¡Nada!
Grito ¡Nada!, y el eco dice ¡Todo!
Ahora sé que la nada lo era todo.
y todo era ceniza de la nada.
No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada).
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.
José Hierro, publicado en Cuaderno de Nueva York (1998)
Juicio en ausencia
Le convino a la Historia mirada angelical:
decoro campesino, compostura devota,
y obstinada firmeza de muchacha ignorante.
Y pues así convino, ved azul mi mirada,
candorosa mi voz, sumisa mi actitud
ante los sabios jueces, doctores de la Iglesia
que a bien tendrán considerar mi causa.
Teólogos y obispos, bachilleres y médicos,
varones hasta cien a ciencia cierta anhelan
de las llamas eternas salvar mi alma
sopesando una a una mis prudentes respuestas
con sus preguntas áspides, que ya me han condenado
aunque sean mis réplicas siempre atentas y cautas:
entregarán mi cuerpo, en carne viva, al fuego,
si no reniego en mí de aquello en lo que creo,
si no desvelo secretos de hadas,
si no ruego perdón por ser yo misma,
si no me pliego a sus reconvenciones:
si en vez de vestir Juan me invisto Juana.
Juan Carlos Friebe, Enseñando a nadar a la mujer casada, Esdrújula, 2021.
Los ganadores y ganadoras de este año son los siguientes:
-Modalidad de POESÍA 4º, 1º de bachillerato y ciclos: Celia Muñoz López, de 1º de bachillerato B, con un poema titulado "Apolo".
-Modalidad de RELATO 4º, 1º de bachillerato y ciclos: Claudia Varela Martínez, de 4º de ESO C, con un texto titulado "Crónicas de una pérdida".
-Modalidad de RELATO 1º, 2º y 3º de ESO: José Miguel Torres, de 1º de ESO C, con "Las pruebas de Pandora".