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Francisca Aguirre.
En Ensayo general (Poesía completa, 1966-2000) Madrid. Editorial Calambur, 2000.
Francisca Aguirre.
En Ensayo general (Poesía completa, 1966-2000) Madrid. Editorial Calambur, 2000.
"Los justos"
Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.
Jorge Luis Borges,
La cifra, 1981.
Ya podéis disfrutar del número 10 de la revista de nuestro centro "Ilíberis Letra a letra" pinchando en la imagen.
¡Mi corazón es una mariposa, De niño yo canté como vosotros, Pasé por el jardín de Cartagena Fui también caballero Yo siempre fui intranquilo, En abril de mi infancia yo cantaba, Y de aquella chiquilla, tan bonita, Yo solo con mi amor desconocido, ¡Qué tristeza tan seria me da sombra!
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Retornos del amor recién aparecido
Cuando tú apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mar en primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.
Yo aprendí a descansar sobre tus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.
Arcos me abriste y mis floridos años
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo.
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.
Porque habías al fin aparecido.
Rafael Alberti, Retornos de lo vivo lejano, 1952.
¡Cómo galopa la sangre! Le he puesto duros bocados; |
O EXERCITO DO BOSQUE
Préstame, chuvia, as túas palabras
e ti, vento, as ideas tan longas.
Déixame o teu rezo breve, río,
e ti, neve, a cortiza da bidueira.
Acouga ao norte, crepúsculo de musgo.
Pisadas.
Quebra o mundo como asa de garza.
Acúdeme, lóstrego.
Ponte de man, verde espada.
Cúbreme, néboa.
Coidémonos. Vén xente.
Manuel Rivas, Mohicania, 1986.(Traducción de Dolores Vilavedra:
El ejército del bosque
Préstame, lluvia, tus palabras
y tú, viento, las ideas tan largas.
Déjame tu rezo breve, río,
y tú, nieve, la corteza del abedul.
Descansa al norte, crepúsculo de musgo.
Pisadas.
Quiebra el mundo como ala de garza.
Socórreme, relámpago.
Ponte a mano, verde espada.
Cúbreme, niebla.
Guardémonos. Viene gente.
Manuel Rivas, El pueblo de la noche, Alfaguara, 1997)